Esta mañana, cuando he llegado a clase, el portero del edifico, en perfecto espanglish, me ha comunicado que la escuela estaba cerrada. Los profesores no habían podido llegar a Manhattan porque había varias lineas de metro que no funcionaban debido a la mayúscula tromba de agua que cayó anoche sobre la isla. Pues sí, yo mismo he tenido que coger esta mañana un autobús repleto de gente para ir hasta allí.
Me he vuelto a casa bajando la Primera Avenida, desde la calle 42 hasta la 6ª que es donde vivo. He visto cientos de tiendas, bares y restaurantes, muchos turistas, inmensos edificios, pequeños parques repletos de gente haciendo las más diversas e increibles actividades, hermosas chicas rubias sin complejos y grandes chicos rubios y cachas entre pequeños y morenos latinos u orientales, pero también he visto una limusina que no acababa nunca de pasar delante de un mejicano borracho dormido en la acera: estampas de Nueva York.
Hoy hace un tiempo horrible: una mezcla de bochorno y sol abrasador, aderezado con una brisa fresquita y una pizca del omnipresente aire acondicionado que sale en algunos sitios hasta las aceras, todo ello recubierto de una humedad que para mí resulta difícil de soportar.
Con el tráfico endemoniado, el ritmo vertiginoso, la contaminación, el clima, ¿qué tendrá Manhattan para que tanta gente quiera vivir aquí?
Creo que una razón la descubrí anoche cuando salí a un bar de moda del martes (aquí los bares cambian con el día de la semana) con unos amigos españoles que llegaron ayer de vacaciones. (Si vienes por aquí tienes que comprar la revista Time Out para estar al día, las guías no sirven). El bar estaba hasta los topes y la gente era muy, muy guapa. Todos los días tienes diversión y eso, para USA, ya es mucho. Vestían muy a la europea, ni demasiado elegantes, ni demasiado modernos y los porteros sólo se fijan en tu DNI. Lo que más me llamó la atención fue la altura de todo el mundo. Impresionante, realmente impresionante.
Hoy mis amigos están vistando Downtown y la Estatua de la Libertad. Si no se quiere aguantar las largas colas de Liberty Island, se ve muy bien desde el Ferry, gratuito con el billete del metro, que va a Staten Island. Y al volver, la vista sobre los rascacielos de Downtown es espectacular.
Después de hacer de turistas llamarán... y veremos qué depara la noche.