"I took my suitcase and went out in the rain and began walking", Bukowski, Factotum.
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El clima fue realmente amable ayer en Manhattan. Lucía el sol, pero una brisa fresca y seca permitía caminar sin sofocos por las calles repletas de turistas. Por la noche, comenzó a llover y no ha parado en todo el día.
Esta tarde, después de clase, he bajado la 2ª avenida. Los parques estaban desiertos. No imagino a dónde irán todos sus habitantes habituales en estos días lluviosos y fríos. Al pasar por Tompkins Square Park, al lado de mi casa, he visto los bancos de las mesas de ajedrez vacíos. Ayer mismo estaban repletos de vagabundos que dormitaban, comían, bebían, charlaban o discutían. Personas que sobrevíven en esos bancos con el único propósito de contemplar cómo pasa la vida. Contrapunto perfecto y necesario para que el resto de los afortunados habitantes de la ciudad no olvidemos la realidad. Personas que no piensan en el trabajo, ni en la comida sana, ni en el gimnasio, ni en ahorrar para comprase un pantalón de marca, ni en el bar de moda adonde sadrán a bailar el fin de semana. Personas que nunca han estado en Europa y que no saben dónde está Madrid... ni falta que les hace. Les basta con comer, conseguir una botella de vino barato, unos cigarrillos y un poco de conversación con cualquiera que se les acerque sin tener en cuenta religión, edad, raza o sexo. Contemplar como pasa el mundo por delante de sus ojos transparentes. Se diría que han alcanzado la paz.
Esta tarde, después de clase, he bajado la 2ª avenida. Los parques estaban desiertos. No imagino a dónde irán todos sus habitantes habituales en estos días lluviosos y fríos. Al pasar por Tompkins Square Park, al lado de mi casa, he visto los bancos de las mesas de ajedrez vacíos. Ayer mismo estaban repletos de vagabundos que dormitaban, comían, bebían, charlaban o discutían. Personas que sobrevíven en esos bancos con el único propósito de contemplar cómo pasa la vida. Contrapunto perfecto y necesario para que el resto de los afortunados habitantes de la ciudad no olvidemos la realidad. Personas que no piensan en el trabajo, ni en la comida sana, ni en el gimnasio, ni en ahorrar para comprase un pantalón de marca, ni en el bar de moda adonde sadrán a bailar el fin de semana. Personas que nunca han estado en Europa y que no saben dónde está Madrid... ni falta que les hace. Les basta con comer, conseguir una botella de vino barato, unos cigarrillos y un poco de conversación con cualquiera que se les acerque sin tener en cuenta religión, edad, raza o sexo. Contemplar como pasa el mundo por delante de sus ojos transparentes. Se diría que han alcanzado la paz.
Esta tarde, caminando solo bajo la lluvia, no he oído la música en los parques, ni los gritos de los niños, ni las charlas de los turistas, tan sólo las palomas y las ardillas se movían afanosas buscando su comida...
Es agradable la lluvia en Nueva York.