UN TRIMESTRE EN NUEVA YORK

lunes, 13 de agosto de 2007

Vistas nocturnas

"All we know is that the evening was beautifully carried off", Anaïs Nin, Henry and June
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Desde el Penthouse del piso diecinueve, la vista nocturna de la ciudad resulta sobrecogedora. Hacia un lado, cual luciérnaga inabarcable, New Jersey despliega infinidad de luces en la orilla opuesta del río. El Hudson, arteria herida, encajonada entre montañas de hormigón latiente, discurre domesticado hacia el cercano océano. Altos techos de cristal en el salón, inmensas lámparas, cuero en los sofas, camareros impecables y sonrientes, cristal y acero en las barandas... Y una terraza y otra y otra. Hacia el norte, el Empire State iluminado sueña con ser faro en cualquier diminuta isla del Egeo. La última terraza está decorada al estilo oriental. Mesas de mármol negro, plantas y pequeñas fuentecillas cuyo susurro es silenciado por el eterno murmullo nocturno de Manhattan. Hermosas mujeres de pieles doradas y exquisitos vestidos ríen despreocupadas con un Martini o una copa de champán en la mano. En una esquina, una afortunada pareja de jóvenes baila embelesada al ritmo de la música.

Tan solo unos instantes después de que el uniformado ascensorista pulsara el botón nacarado del ascensor, nos encontrabamos en la calurosa acera.

A mi lado, dos inmensas ratas huyeron asustadas por el ruido de un taxi al detenerse.
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