UN TRIMESTRE EN NUEVA YORK

domingo, 28 de octubre de 2007

Imágenes V

[Música con cacharros]

[No os perdáis el niño, a la izquierda]

[Entre Tribeca y Soho, para mí lo más agradable]



[Cuatro como ésta en cada uno de los cruces de las calles al terminar el día]



[Washintong Square al atardecer]
[Una preciosa y tranquila calle de Tribeca]


[El interior de Grand Central Station]



lunes, 22 de octubre de 2007

Americanos críticos

Una de las cosas que más me agrada de los americanos es su falta total del sentido del ridículo. No suelen tener en cuenta lo que los demás piensen de sus gustos, ideas u opiniones y los defienden a las claras, sin ningún tipo de timidez. No impota lo extravagante que sean, siempre encuentran almas gemelas con las que desarrollar y disfrutar de su particular locura.


Pero esto también sucede con los ideales o las causas perdidas, y eso es digno de reseñar. No importa que los temas sean políticos o religiosos (evitados por muchos españoles, para no terminar la conversación en disputa), es fácil ver la foto del candidato al que van a votar en el coche o en la puerta de casa, o chistes, quejas o alabanzas sobre los mismos candidatos. En este país de extremos, donde asociaciones puritanas organizan cenas benéficas para recaudar fondos contra cualquier cosa que contenga la palabra sex, está ubicada la mayor industria porno del mundo, en este país, que es el más contaminante del planeta, también se producen las mayores donaciones para el medio ambiente, en este país, no es raro ver a grupos de personas dedicando su tiempo y su dinero a asuntos que consideran injustos, gastando horas y su voz en una salida del metro con un megáfono ridículo, repartiendo hojas fotocopiadas contra la situación en Irak o cualquier ley en la que no creen. La sensación es de que algunos americanos son también muy críticos con ellos mismos y eso es algo de lo que no todo el mundo se da cuenta.


Un ejemplo lo tenemos en un acto que se celebra todos los domingos en una iglesia del centro de la ciudad. En el cartel te dice claramente que no es una celebración religiosa, que la iglesia sólo sirve como lugar de reunión. Te invita a asistir y permanecer en silencio en protesta por la ocupación de Irak. La verja exterior de la Iglesia está cubierta por cintas amarillas con un nombre escrito. Una por cada uno de los ya miles de americanos muertos en alquel país.





Otro ejemplo me lo he encontrado esta tarde al volver a casa. Al pasar por Union Square, he visto una pantalla bastante grande preparada para proyectar una película. Al mirar a mi alrdedor puedo leer en una pancarta: 9/11 TRUTH NOW (11 de septiembre, la verdad, ahora). Es el título de un documental que explica la teoría de que las torres gemelas no se derrumbaron por el impacto de los aviones, sino que fueron demolidas de forma controlada, por motivos políticos y económicos. La gente se fue aproximando a la pantalla, primero de pie, al rato, se empezó a sentar en el suelo, pues el documental se alargó hasta una hora y media. Seríamos bastantes más de cien personas, la mayoría transeuntes que nos encontramos por casualidad con la proyección y todo el mundo lo vio en silencio, o se marchó, sin que hubiera ningún tipo de problema.[*]


No sé si alguien maneja o no estas actuaciones, yo solo puedo decir que realmente estan ahí, en la calle, para que elijas verlas, oírlas o, tranquilamente, marcharte.


[*] El video es realmente interesante, si a alguien lo quiere ver que pinche aquí:

Imágenes IV

[Atardecer sobre el Hudson]


[Williamsburg - Brooklyn]


[Sí, sí, es NYC (Chinatown)]


[East Village]


[Atardecer en Union Square]


[Vista desde el Empire State]

[Descansando en Central Park]

sábado, 20 de octubre de 2007

Otras dos semanas

Retomo este blog después de dos semanas de ausencia. Para que sepáis el porqué, os diré que estaba en otro apartamento donde no tenía Internet. Y, como he sacado el tema, os contaré que ya es el cuarto apartamento donde he vivido. Me he autodenominado el hombre-maleta. Pero la experiencia no tiene precio (Contaré detalles a la vuelta).



En estas dos semanas me he movido muchísimo. El tiempo ha sido (y sigue siendo) veraniego y no se puede desaprovechar.



Por fin he llegado a los confines de la ciudad, al extrarradio de Brooklyn y Queens, al final de las líneas de Metro, donde no transitan los turistas, donde los inmigrantes ilegales de lejanos países acuden a la llamada de sus familiares. Entre una muchedumbre de indúes y orientales, paseando delante de escaparates cargados de vestidos y telas de llamativos colores, oliendo penetrantes aromas, perdido, entre los 22 millones de personas que viven- conviven-sobreviven en el área metropolitana de NY.

Fuimos en coche, bajo un atardecer indescriptible, cruzando autopistas y vías de tren que atraviesan sin pudor los barrios, recorriendo zonas mucho más delimitados étnicamente que en Manhattan, copias en miniatura de Bankok, Nueva Delhi o México DC, y, después de disfrutar de un largo paseo, terminamos el día cenando en un, para mí por lo memos inusual, restaurante afgano.

No puedes viajar más en tan poco tiempo.











jueves, 11 de octubre de 2007

Imágenes III

[Como ya dije en alguna otra ocasión: todo a lo grande]


[Flatiron, el primer rascacielos de NYC (1902)]


[9/11]

[Desde el Empire State]


[Vista desde Brooklyn Bridge]


[La locura de Times Square]











sábado, 6 de octubre de 2007

Imagénes II

[Downtown]



[Taxis ecológicos]







[Publicidad a saco]



[Sin palabras]


[Verbena en Little Italy]



[Washington Square]


[Vista desde Central Park]







viernes, 5 de octubre de 2007

Fuera de Manhattan

"La salvación sólo viene de Dios"

Hace un par de domingos crucé el East River caminando por el Williansburg Bridge. La tarde de septiembre era perfecta para caminar. Este puente une la parte este de Manhattan con Brooklyn, concretamente con el barrio de Williansburg, que hace unos cuantos años estaba totalmente degradado por el “crack”. Este puente no resulta tan llamativo como el Brooklyn Bridge, pero su construcción es impresionante. Totalmente de hierro y de bastante longitud, soporta dos direcciones de varios carriles para automóviles, dos vías de tren y los pasos superiores para peatones y bicicletas.
Nada más divisar la otra cara del río adviertes las diferencias con Manhattan, menos espacio construido, casas más bajas, solares vacíos donde crece la hierba, más paredes con grafitis y, sobre todo, mucha menos gente por las calles.
Sin embargo, después de caminar un rato, me encontré con un barrio judío ortodoxo. La actividad era frenética. Cientos de mujeres, hombres y niños, todos vestidos de blanco y negro paseaban, charlaban o compraban en las tiendas o en los puestos de la acera. Las mujeres iban con los niños por un lado y los hombres solos o con otros hombres, nunca juntos. Era curioso (dejémoslo ahí por no polemizar) observar tantas personas vestidas sólo de blanco y negro (evito la fácil comparación).
Ellos iban vestidos de forma similar: por encima, levita negra, debajo, chaqueta negra y camisa blanca, en la cabeza, un sombrero o el pequeño kipá y, por supuesto, con los largos tirabuzones que le caen por las sienes. La piel blanca, bastantes barbas, ningún adorno exterior (estuve a punto de guardar mis gafas de sol), pero abundaban las gafas de ver, de cristales simples y gruesos. Supongo que será debido al mucho tiempo que pasan desde niños leyendo La Tora.
Las mujeres vestían muy recatadas, pero con diferentes estilos. Eso sí, nada de pantalones ni faldas por encima de la rodilla. La mayoría llevaba el pelo recogido con un pañuelo, pero no todas. Es increíble ver las tiendas llenas de diferentes tipos de ropa, pero solo con los colores blanco y negro. Algo que me llamó aun más la atención fue la gran cantidad de carritos de niño que manejaban la mujeres y, sobre todo, que mucho de ellos eran dobles. Al principio no podía creer que nacieran tantos mellizos, pero, al observar más detenidamente, me di cuenta de que los niños que iban en los carritos eran de diferente edad. La conclusión que saqué es que tienen los hijos tan seguido que uno todavía necesita el carrito cuando nace otro.
La tarde se acababa y volví sobre mis pasas sin haber parado ni a tomar un café (obviamente, no había nada ni remotamente parecido a un bar) y sin tomar ni una foto (supongo que entendéis que no me atreviera). Sin embargo, en mi memoria llevaba nítida la imagen del grupo, paseando presuroso, comprando su palma y su limón, siguiendo sus propias leyes antiguas, viviendo en una burbuja dentro de un mundo muy diferente al suyo… ¿Alguien quiere sacar similitudes?