UN TRIMESTRE EN NUEVA YORK

viernes, 5 de octubre de 2007

Fuera de Manhattan

"La salvación sólo viene de Dios"

Hace un par de domingos crucé el East River caminando por el Williansburg Bridge. La tarde de septiembre era perfecta para caminar. Este puente une la parte este de Manhattan con Brooklyn, concretamente con el barrio de Williansburg, que hace unos cuantos años estaba totalmente degradado por el “crack”. Este puente no resulta tan llamativo como el Brooklyn Bridge, pero su construcción es impresionante. Totalmente de hierro y de bastante longitud, soporta dos direcciones de varios carriles para automóviles, dos vías de tren y los pasos superiores para peatones y bicicletas.
Nada más divisar la otra cara del río adviertes las diferencias con Manhattan, menos espacio construido, casas más bajas, solares vacíos donde crece la hierba, más paredes con grafitis y, sobre todo, mucha menos gente por las calles.
Sin embargo, después de caminar un rato, me encontré con un barrio judío ortodoxo. La actividad era frenética. Cientos de mujeres, hombres y niños, todos vestidos de blanco y negro paseaban, charlaban o compraban en las tiendas o en los puestos de la acera. Las mujeres iban con los niños por un lado y los hombres solos o con otros hombres, nunca juntos. Era curioso (dejémoslo ahí por no polemizar) observar tantas personas vestidas sólo de blanco y negro (evito la fácil comparación).
Ellos iban vestidos de forma similar: por encima, levita negra, debajo, chaqueta negra y camisa blanca, en la cabeza, un sombrero o el pequeño kipá y, por supuesto, con los largos tirabuzones que le caen por las sienes. La piel blanca, bastantes barbas, ningún adorno exterior (estuve a punto de guardar mis gafas de sol), pero abundaban las gafas de ver, de cristales simples y gruesos. Supongo que será debido al mucho tiempo que pasan desde niños leyendo La Tora.
Las mujeres vestían muy recatadas, pero con diferentes estilos. Eso sí, nada de pantalones ni faldas por encima de la rodilla. La mayoría llevaba el pelo recogido con un pañuelo, pero no todas. Es increíble ver las tiendas llenas de diferentes tipos de ropa, pero solo con los colores blanco y negro. Algo que me llamó aun más la atención fue la gran cantidad de carritos de niño que manejaban la mujeres y, sobre todo, que mucho de ellos eran dobles. Al principio no podía creer que nacieran tantos mellizos, pero, al observar más detenidamente, me di cuenta de que los niños que iban en los carritos eran de diferente edad. La conclusión que saqué es que tienen los hijos tan seguido que uno todavía necesita el carrito cuando nace otro.
La tarde se acababa y volví sobre mis pasas sin haber parado ni a tomar un café (obviamente, no había nada ni remotamente parecido a un bar) y sin tomar ni una foto (supongo que entendéis que no me atreviera). Sin embargo, en mi memoria llevaba nítida la imagen del grupo, paseando presuroso, comprando su palma y su limón, siguiendo sus propias leyes antiguas, viviendo en una burbuja dentro de un mundo muy diferente al suyo… ¿Alguien quiere sacar similitudes?