Nueva York es la ciudad del Arte con mayúsculas. Dejando aparte los valiosos museos, las multitudinarias salas de conciertos, las elegantes galerías del Soho o el conocido Broadway, donde los turistas de agencia contemplan satisfechos grandes montajes comerciales en preciosos teatros, por todas partes proliferan pequeñas salas y locales, más o menos underground, en los que disfrutar de los diversos tipos de Arte: exposiciones de pintura en pequeñas tiendas, teatros o salas de ópera en sótanos de vulgares edificios, antros de Jazz en Harlem que cortan la respiración o música en vivo en multitud restaurantes y bares. Pero, además de todo esto, lo verdaderamente sorprendente es la cantidad de música, teatro o espectáculos varios que te encuentras, con lo que tiene de encanto lo inesperado, en cualquier esquina de cualquier calle o en cualesquiera de los parques de la ciudad. No hay ningún pobrema para elegir entre unos adolescentes versionando a los Beetles, una pequeña orquesta de música clásica, un grupo de atléticos jóvenes de color bailando Break Dance, una pandilla de amigos tocando una música que solo ellos entienden, un equilibrista montado en una monorueda, una bailarina asiática entrenándo su número nocturno o unos adolescentes bailando el julajop de un modo alucinante. Puedes también encontrarte, de improviso, una calle cortada por un coche de policía y, sobre el asfato, el grupo de teatro del barrio representando una obra, con su escenario, su vestuario y su orquesta. La oferta es realmente inacabable y le da un toque a esta ciudad que la hace verdaderamente única. Además, es muy gratificante contemplar como los espectadores participan y disfrutan con esas muestras de arte callejero, muchas veces realizado para ganarse la vida, pero otras muchas por el mero placer de ser visto, escuchado y aplaudido.
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Por solo unas monedas, sin tener que vestirte para la ocasión, con el único esfuerzo de sentarte comódamente en un banco del parque o sobre un peródico en el suelo, puedes reír, bailar, maravillarte, es decir, pasar un buen rato disfrutando del ARTE en su expresión más directa y cercana al espectador.
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Una sencila y verdadera delicia.
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Por solo unas monedas, sin tener que vestirte para la ocasión, con el único esfuerzo de sentarte comódamente en un banco del parque o sobre un peródico en el suelo, puedes reír, bailar, maravillarte, es decir, pasar un buen rato disfrutando del ARTE en su expresión más directa y cercana al espectador.
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Una sencila y verdadera delicia.